martes, 3 de febrero de 2009

Vèrtigo

Confieso que no fue fácil acercarme hasta el borde de aquel precipicio en los acantilados de una famosa zona balnearia. Pero mi abuelo quería esa fotografía, y era imposible decirle que no…La diferencia de altura entre el sitio en donde estábamos parados y la dorada arena de la playa (ubicada a casi 50 metros más abajo), producía en mí esa molesta sensación de miedo e inseguridad que nuestro idioma define con la palabra “vértigo”.Durante nuestro paso por esta vida hallamos situaciones que bien podríamos describir como la acción de caminar al borde del precipicio. Me refiero en particular a aquellos momentos en los que somos embargados por el vértigo, ese que paraliza nuestro espíritu y nos impele a retroceder.Por ejemplo, cuando uno se da cuenta de que para alcanzar una vida plena se deben abandonar las actitudes negativas y adoptar hábitos saludables, un hormigueo en el estómago será la experiencia inmediata debido a la proximidad del barranco de lo nuevo, de lo desconocido.En paralelo, el momento en el comprendemos que el camino al éxito implica esfuerzo, renunciamientos y sacrificios, que probablemente enfrentemos los celos, la envidia y los deseos de abandonarlo todo, experimentaremos el temor que implica ascender entre los despeñaderos de la vida.Y así podríamos seguir, metaforizando las vivencias y los retos que encontramos en el camino de nuestra existencia.Es curioso, pero las personas que conozco que han alcanzado sus objetivos dan cuenta de las experiencias traumáticas que han experimentado. Cada una de ellas dirá, de una manera o de otra, que aquel proceso su mayor desafío ha sido salir de su zona de comodidad, vencer el vértigo y aventurarse hacia lo mejor.La Biblia dice: “Puedo cruzar lugares peligrosos y no tener miedo de nada, porque tú eres mi pastor y siempre estás a mi lado; me guías por el buen camino y me llenas de confianza”. Salmo 23.4 (TLA).La insistencia de mi abuelo logró el objetivo: él y yo retratados por mi abuela mientras estábamos parados al borde del precipicio. Al fin y al cabo, ¿cómo temer si él estaba a mi lado? Hoy en día aplico el mismo principio que comprendí cuando tenía siete años: ante la presencia de abismos, barrancos y despeñaderos en el camino de la vida, ¿cómo temer si Dios está a mi lado?¡

1 comentario:

Lau Martinez Pardo dijo...

Hola Silvia, yo se que tenés razón, uno no debería, pero aun hay cosas que me producen ese vacío y me da mucho miedo saltar al vacio. Tengo que fijarme en la mente que todo va a estar bien. Besos y suerte con el blog!!!